Nuestro derecho a la privacidad: una cuestión de vida o muerte

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Después de años de observación pasiva de los procesos que reducen nuestra privacidad a ser una quimera, decidí dar el paso – o más bien los innumerables pasos – hacia retomar prácticamente las riendas de ese derecho humano irreductible que es el de no autorizar el acceso a datos personales sin haber brindado mi consentimiento a que alguien o alguna entidad los obtenga.




En un artículo anterior (aún solo en inglés) me refiero a varios fenómenos actuales que están quebrantando o amenazando nuestra privacidad, y que unen en prácticas similares desde Estados hasta todas las grandes empresas a las cuales entregamos diariamente información nuestra (Zoom, Android expropiado por Google, Facebook, etc.). Ante ese paisaje abrumador, hago mía la invitación del filósofo francés Gilles Deleuze, quien ya en 1990 explicaba que en una “sociedad del control”, donde la mayor exigencia de los poderes que moldean nuestras vidas es: “Comunícate”, la forma de resistencia más eficaz es: “Guardo silencio”. Hace años, por ejemplo, que casi nunca cargo teléfono móvil cuando salgo de casa – una medida de autopreservación básica y gratuita, que bien podría volverse ilegal en un plazo no tan lejano.




Me propongo hoy abordar el ¿por qué tiene relevancia el tratar de dejar las menores huellas posibles en Internet?




1. La presunción de inocencia




No soy anciano aún, jeje, sin embargo mi juventud entera ha sido bañada en el concepto según el cual “Ante una acusación, todo el mundo es inocente hasta que se haya demostrado su culpabilidad”. 




Hoy día, la percepción del derecho a la privacidad que nos dejamos imponer parece funcionar al revés, basado en la doxa popular: “Quien nada debe, nada teme”. Bajo este lema, para muchos de nosotros se ha vuelto legítimo que una empresa que provee un servicio de correo electrónico almacene sin límite de duración el contenido de nuestra comunicación, lo explote para fines publicitarios y lo traslade a la policía, inclusive si no se lo ha solicitado. Muchas veces pensamos: “es email gratuito, tengo que aceptar que el producto soy yo”. Así, en un lapso de 30 años, el “nuevo normal” como dicen los angloparlantes, se ha vuelto: “Que lean todos mis datos si les da la gana, ya que no tengo porque esconder algo”.




Semejante razonamiento menoscabe dos factores: primero, lo que “se les da la gana” controlar a las autoridades y las empresas es sujeto a cambios, a veces rápidos (Turquía nos proporciona un ejemplo reciente de eso: cualquier contribuyente que no pague al menos el 50% de sus impuestos por medios electrónicos – es decir mediante empresas que lucran con nuestras transferencias - ahora recibe una multa de parte del Estado; de igual manera en la China post-COVID-19 es preciso escanear un código QR hasta para ingresar en su propia oficina o apartamento – adiós a la libertad de no utilizar un teléfono móvil, y de no ser geolocalizado en cada momento…).




Segundo, el valor y la vigencia de la libertad individual están enraizados en el ejercicio mismo de esta libertad: somos libres porque deseamos serlo, no porque un poder exterior (un Estado, una Iglesia, una Red social,…) nos otorga el derecho de serlo. Por ende, es porque SABEMOS que no hemos cometido ningún ilícito (o por lo menos ninguna injusticia) que soberanamente rechazamos cualquier intento de obligarnos a rendir cuentas y exponer nuestra vida personal; sea de donde sea que provenga la exigencia de entregar datos.


2. Big Brother tiene memoria





Invocaré aquí a Edward Snowden, de quien las conferencias son una odisea de cultura combinada con un férreo espíritu de lucha a favor de las libertades individuales. Recuerda él que en los años 90 sus profesores, cuando cometía un acto de rebeldía adolescente o no acataba alguna norma escolar, lo amenazaban con que “la sanción que recibiste tachará para siempre tu expediente”. Pero, con el paso de los años, se dio cuenta que no era cierto: en ningún establecimiento académico o en ningún entorno de trabajo se trajo a colación una falta que él hubiera cometido 5 o 10 años antes.




Hoy mismo, ese “borrón y cuenta nueva” ya valió. Cada vez más empresas – e inclusive proyectos del criptoverso, que recurren para esa labor a cadenas de bloques – dedican sus esfuerzos a fusionar bases de datos y archivos señaléticos, vendiendo a quien quiera pagarlos los datos de nuestros recorridos a lo largo de las últimas décadas.




Basta con ver qué empresita chupa, ordena y almacena hasta la más más mínima tarea escolar de decenas de millones de alumnos y estudiantes alrededor del planeta (y, por supuesto, los datos relacionados con la actividad de sus docentes): Google, mediante “Google Classroom”. Ya solo por ahí tenemos la garantía que dentro de 25 años las sugerencias de videos en YouTube o las “preferencias” publicitarias de Google Ads integrarán algorítmicamente la calificación obtenida en el más mínimo dictado entregado vía “Google Classroom”.


 


Por eso, cortar sistemáticamente el acceso a nuestras huellas numéricas es cultivar una visión de nosotros mismos a mediano plazo. Cabe preguntarnos siempre: “¿qué harán con esos datos nuestros dentro de 30 años? Y, tomando en cuenta que nunca podemos contestar con precisión, mejor borrar esos datos desde la raíz.




3. Las tecnologías numéricas provocan un retroceso si no brindan al menos tanta privacidad como las analógicas




Les propongo adoptar el siguiente tropismo mental: a la hora de descubrir y empezar a usar una tecnología numérica (esté o no asentada en cadenas de bloques), pensemos en si nos ofrece la misma confidencialidad que su equivalente “menos sofisticado”.




Lo que primero nos viene a la mente son las criptomonedas. Si, comparado con los billetes impresos y las fichas metálicas, pasarnos a esas herramientas electrónicas y el registro sistemático que conllevan nos expone a que otros ojos irrumpan en nuestras vidas y puedan revisar nuestras transacciones, esa herramienta nueva significa un retroceso, no un progreso. 




Ya sabemos que las transacciones en monedas como BTC, ETH o LTC son rastreables, permiten aislar los IPs de sus usuarios. Al respecto su uso constituye una grave pérdida de control sobre nuestra información económica. Cuando le compro algo al panadero de mi cuadra, e inclusive una computadora en una tienda de informática, y que cancelo esas compras con efectivo, no tengo porque dejar comprobante (“outputs”) de ningún tipo acerca de mi identidad, de la suma involucrada o del motivo de esas adquisiciones.




De ahí el hecho que hablar de “privacy coins” (criptomonedas con características de preservación de nuestra privacidad) sea un indicador de la carencia fundamental de muchas monedas populares hoy día. Una cripto aceptable no puede sino brindar al menos tanta flexibilidad de uso y tanta libertad como las monedas físicas. Afortunadamente existen decenas de criptos con propiedades de anonimización, y me daré a la tarea de presentar acá varias de ellas en los próximos meses (ya pueden echarle un ojo a mi publicación de creación de la Comunidad "Monero" acá en Uptrennd).




Lo mismo tiene que aplicar con las plataformas de videoconferencia o nuestras cuentas de correo electrónico: si no son tan seguras y respetuosas de nuestra privacidad como platicar en la calle con el amigo que está a la par nuestra, busquemos otra, o prescindamos de utilizar alguna.




¡Mil gracias a quienes hayan tomado el tiempo de leer este artículo – en particular @Ivan KR, @Roxana Gallardo, @Juan Porras y @Jorge Didencu! :-P


Fuentes de las imágenes:


- https://teachprivacy.com/wp-content/uploads/Module-Dimensions-of-Data-Privacy-Training-Outline-02-1.jpg




- https://images.theconversation.com/files/37842/original/gy78btgm-1387160993.jpg?ixlib=rb-1.1.0&q=45&auto=format&w=926&fit=clip

COMMENT

23

preview not available Ivan KR
23 Jun

Sí, nuestra pérdida de privacidad está fuera de control y tal vez se descontrole aún más. Pero, como sucede con absolutamente todo lo demás en la vida, tiene sus lados buenos y malos. No comenzaré a hablar de eso, a menos que quieras iniciar ese tipo de conversación. 😁

Para las monedas de privacidad, tengo mis ojos en un proyecto que tiene como objetivo proporcionar privacidad, velocidad y sin tarifas. Todavía es testnet y tiene un largo camino por recorrer, pero puedes echarle un vistazo: https://tixl.me 

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11

preview not available ijatz La Hojita
23 Jun

¡Gracias por tu aporte, @Ivan KR!

He oído algo de Tixl vía tu tocayo (😊) "Ivan on Tech", pero no me he adentrado en el proyecto, ¡muchas gracias por el enlace! Me recuerdo que están basados en Alemania, así que han de ser valientes, por lo de someterse a las normativas de la Unión Europea, jeje.

Y sí, me interesaría conversar acerca de los eventuales lados positivos de las pérdidas de privacidad. Ambos abogamos por un Uptrennd donde florezcan los debates, incluso los debates contradictorios (sin hostilidad, por supuesto), así que "demosle" 🙃.

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23

preview not available Ivan KR
23 Jun

Bueno, sí, esa cosa que probablemente detiene a muchos inversores: tendrán que descubrir cómo cumplir con la ley y ser una moneda privada al mismo tiempo...

No quise decir que perder nuestra privacidad es bueno...

Como buen lado, veo que todos estos datos podrían usarse para la investigación y ciencias, especialmente para la salud psicológica (y no solo para el marketing). Otra cosa buena que veo es que les permite a los padres saber dónde están sus hijos. Si ocurre un accidente, puedes hacer clic en un solo botón y la ayuda vendrá a salvarte.

Algo que estoy completamente de acuerdo en que debemos preservar nuestra privacidad a toda costa son nuestras finanzas. Nadie debe saber cuánto tenemos, dónde lo enviamos o de dónde lo recibimos.

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16

preview not available Roxana Gallardo
23 Jun

Un post muy interesante aunque mentalmente tuve que explicarme a mi misma algunas cosas. 😂

Esto es una locura, te cuento que en Twitter me están llegando unas menciones de Telcel México, donde me hablan de ejercitar la mente y el cuerpo...

WTF?

Respondí diciendo, que pasaba con esas menciones? y ahora resulta que me menciono Virgin Mobile ofreciéndome que me cambie a Virgin.

Nuevamente WTF?, no vivo en México.😕😔

Estoy segura de que se trata de alguna venta de mi información y por eso me llegan esas menciones. 

5 REPLY

11

preview not available ijatz La Hojita
23 Jun

El hecho de que mi papelito te generó cuestionamientos (y quizás incomodidades mentales) me llena de satisfacción: revela que nuestra interacción acerca "Uptrennd" a su función real e inicial (que no es ser una granja de criptos 😉).

En cuanto a "Twitter", sería de preguntarles cómo decidieron (cómo lo "decidió" un algoritmo) dirigirte anuncios y solicitudes destinadas a Mexicanos.

Podría en alguna medida ser "buena señal": quizás ¿toman de blanco a todos los hispanohablantes, sin refinar su lista de destinatarios en base con información geográfica?

Claro, la hipótesis de que hayan vendido datos tuyos también es muy probable. Es uno de los motivos por los que me pasé a un equivalente ciudadano y descentralizado de "Twitter", "Mastodon" (donde cada usuario puede crear su instancia, y definir las reglas que aplican en ella ☺️).

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13

Helengutier 2
23 Jun

Me ha pasado, han utilizado mis redes sociales para decir que vendo$ para estafar hay acceso a mucha información creo que protegernos es lo mas importante

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2

Hugo Rep
30 Sep

Excelente artìculo sobre un tema de importancia vital que todavìa gran parte de los usuarios de Internet no ha comprendido del todo.

Hay usuarios que comparten sus dudas sin respetar la privacy por motivos triviales. Y por otro lado hay plataformas, buscadores y ciertos gobiernos profundizan el tema.

Cuando SOPA (Stop Online Piracy Act) y PIPA (Protect IP Act) parecían haber pasado al olvido junto con el mediático caso "Megaupload" que puso entre rejas a su multimillonario fundador Kim "Dotcom" Schmitz, el debate sobre la privacidad en Internet y la libertad de expresión on line vuelve a tomar fuerza de la mano de un nuevo proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos hace tiempo atras, la denominada ley CISPA (Cyber Intelligence Sharing and Protection Act).

El proyecto permite al gobierno americano acceder a información personal de sus usuarios.

En relación a la privacidad en los Estados Unidos, y asimismo en nuestro país, rigen el artículo 12 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que consagra que "…Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación…" y el artículo 17 del Pacto de las Naciones Unidas relativo a los Derechos Civiles y Políticos que sostiene que "… Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o legales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación…".

Asimismo, el artículo 11.2 del Pacto de San José de Costa Rica dispone sobre el derecho a la privacidad que "…Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra reputación.."

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9

genesis Rodriguez
24 Jun

Pocas personas hoy en dia valoran la privacidad, especialmente con el crecimiento exponencial que han tenido las redes sociales en nuestro entorno social, yo tengo poco uso de ellas y me considero reservada en algunos aspectos personales y me gustan mas las plataformas desintralizadas que me permitan escribir contenido. 

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