Bahía Pingüino

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―¡Maldición!, ¿son esos? ―exclamó Lucas, al ver un grupo de pingüinos emperador elegantemente erguidos, en medio de un blanco campo de hielo, mientras eran sacudidos por el intenso viento que soplaba, a pocos metros de la costa.


―Sí, ¿nunca los habías visto? ―afirmó Patrícia, mientras se aproximaba el deslizador a la costa ―. Este es uno de los dos planteas donde se han podido incorporar al ecosistema. El resto de los intentos han sido en vano.


―Y eso ¿por qué? ―continuó Lucas.


―No lo sé, incompatibilidad supongo. La verdad no es mi especialidad ―respondió Patrícia.


―Bien, esto me emociona mucho, siempre había querido verlos personalmente, no sólo en las simulaciones ―dijo Lucas, mientras el deslizador dejaba la superficie del agua para adentrarse en el hielo.


―Sabes que no vinimos aquí por ellos ―dijo Patrícia bruscamente ―. Tenemos que reestablecer la estación de transmisión y regresar antes de que amanezca, no podemos estar cerca cuando se haga de día o estaremos en grabes problemas.


―Si, ya lo sé, no eres nada divertida ―dijo Lucas, con una expresión de desanimo en su rostro.


El vehículo avanzó unos diez kilómetros, adentrándose en la gruesa capa de hielo y nieve que cubría el continente, al pie de una helada y escarpada montaña encontraron una pequeña edificación que se encontraba adosada a la pared de roca.


Descendieron del deslizador y se aproximaron a la puerta, usando una antorcha de plasma, cortaron los goznes y el seguro, con un poco de esfuerzo Lucas tiró de la puerta y ésta cayó pesadamente sobre la nieve.


―Bien ya entramos, ¿ahora qué? ―preguntó Lucas.


―Sube a la estación de transmisión y remplaza las baterías del generador de emergencia ―respondió Patricia secamente ―. Yo me ocuparé de cambiar los códigos del computador e introducir los nuevos parámetros. Luego reestableceremos el generador principal.


La abandonada estación de transmisión estaba oculta en el interior de la montaña y la antena emisora en la cumbre de la misma, a la cual se accedía desde el interior, ascendiendo por una escalera de caracol. Lucas subió a donde se encontraba el plato de transmisión y realizó los arreglos que eran necesarios para ponerlo en operaciones.


Media hora después los cambios en los parámetros de transmisión y las claves de acceso, estaban realizados, así como la reactivación de la antena, entonces se dirigieron al sótano de la instalación, donde un generador, propulsado por un pequeño reactor de isotopos de cobalto, se encontraba inactivo desde hace más de treinta años.


―Bien, sólo falta reactivar esta antigüedad y reforzar el aislamiento electromagnético de todo el edificio ―dijo Patricia inalterable ―. Ocúpate tu del aislamiento, que yo me haré cargo de reiniciar el generador. Empieza por aquí abajo y continua hasta llegar a la sala del plato, no dejes ni un milímetro de las paredes sin cubrir.


Lucas sacó de uno de los contenedores de equipos que trajeron una pistola aplicadora de recubrimiento y le adaptó uno de los doce tanques presurizados de película absorbente de emisiones de radio, que estaban en el mismo contenedor, e inició la tediosa tarea de recubrir toda la pared cilíndrica, que formaba el edificio excavado en el interior de la montaña.


Mientras tanto, Patricia reacondicionó el generador y lo encendió, reactivando la electricidad en todo el lugar, incluyendo todos los sistemas de comunicaciones ―. Ya terminé aquí, ¿cómo vas tú? ―pregunto por el comunicador.


―Me tocó el trabajo más molesto, aun me falta como una hora para terminar, así que ocúpate de hacer algo más mientras termino ―respondió Lucas, mientras que, con sus manos cubiertas del pegajoso recubrimiento, trataba de continuar con su trabajo.


―Bien, verificaré los parámetros y ajustaré la frecuencia de la señal, para que no pueda ser detectada por los satélites.


A poco menos de una hora del amanecer habían terminado de reacondicionar la estación de transmisiones, ya la señal se había reactivado y serviría a los propósitos de su cliente. El edificio había recibido una moderna capa de recubrimiento, que impediría que las emisiones radioeléctricas no deseadas, producidas por las computadoras, el generador y los otros equipos electrónicos, sobrepasaran las paredes, impidiendo así que su operación fuera descubierta.


A bordo del deslizador, una vez sellado nuevamente el edificio, Patricia realizó una llamada a través de un transmisor de dos vías con enlace cuántico directamente conectado con otro, que estaba en posesión de su cliente.


―Coronel, ya el trabajo está listo, tal como acordamos, le enviaré los nuevos códigos cuando haya cancelado la otra mitad del monto acordado ―dijo Patricia.


―Revise el balance de su cuenta en cinco minutos, no intente comunicarse nuevamente conmigo, este enlace será roto, tan pronto reciba los códigos y los verifique ―dijo una sombría voz a través del auricular.


Seis minutos después, tras verificar el ingreso de dos millones de créditos en su cuenta, provenientes de una cuenta irrastreable, Patricia envió los códigos de acceso prometidos, y a los pocos minutos pudo ver como el plato, ubicado en la punta de la montaña, se reorientaba, señal de que su cliente había tomado control de la estación.


―Esta listo, podemos irnos de aquí ―dijo Patricia, dejando caer el comunicador sobre el frio suelo ―. Falta poco para el amanecer y no quiero estar cerca de este lugar, cuando los satélites de la red de vigilancia salgan por el horizonte.


―Ese tipo asusta, que crees que hará con la estación de comunicaciones ―preguntó Lucas.


―No lo sé, ni me importa, ya para lo que nos contrataron está hecho, ahora abandonemos este frio lugar y luego el planeta ―concluyó Patricia.


Se alejaron de la montaña y nuevamente pasaron por las proximidades de donde los pingüinos emperador de Bahía Pingüino, en la costa del continente polar de Cefeo, se encontraban estoicamente parados resistiendo los helados vientos, mientras protegían sus nidos. Dos días después abandonarían el planeta con rumbo desconocido.


Meses más tarde tras el ataque de una facción rebelde del ejército de Cefeo, a la sede del Parlamento en el planeta, se iniciaría la guerra de Cefeo, que duraría cinco años, durante los cuales, las transmisiones del ejército rebelde se mantendrían ocultas de las fuerzas del Parlamento, hasta que finalmente a poco menos de tres días del ataque a las estaciones Castor y Pólux, fue descubierta e inhabilitada, la estación de transmisión de Bahía Pingüino.



COMMENT

24

preview not available Jesús Alejos
06 Mar

Entiendo que el misterioso personaje estaba acondicionando la isla para la guerra. Es así?

10

Andres Martinez
08 Mar

Correcto, se trata de un personaje que aun no he podido explorar.

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