ALBUS

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La mañana era más cálida que de costumbre, la brisa soplaba meciendo los árboles y agitando las aguas del lago, en la costa, la pequeña flota de barquitos para paseos se reactivaba, lista para que las parejas, familias o tontos, con la esperanza de capturar una de las cientos de truchas que poblaban sus aguas, pero que eran demasiado listas como para dejarse capturar con migajas o señuelos de goma, los abordaran para surcar las cristalinas aguas.


No lejos de la costa, en uno de los juegos del parque, Beatriz y su hermana Helena se mecían en los columpios, usando sus piernas para impulsarse cada vez más rápido, dando vueltas completas como si de las aspas de un rotor se trataran.


―¡Ya dejen de hacer eso! ―gritó Alicia ―. O no las volveré a traer.


―Eres una aburrida Ali ―gritó Beatriz, mientras su voz iba y venia con las vueltas del columpio.


―¡Bájense de ahí ya!, ¡No lo voy a repetir!... ―tras gritar esto, Alicia cayó repentinamente de espaldas al suelo, convulsionando violentamente, arqueando su cuerpo, con sus pies apoyados en el piso mientras su coronilla, servía de soporte a su otro extremo y el anverso de sus manos con sus brazos rígidos le daba soporte, su cuerpo se arqueaba y azotaba contra el pasto, una y otra vez hasta quedar rígida en un arco, mientras su rostro formaba una grotesca mueca.


Beatriz, la mayor de las dos niñas, se bajó del columpio y tras ver a su niñera retorciéndose sobre el suelo, corrió hacía la cabina donde se encontraban los vigilantes del parque, mientras Helena gritaba y lloraba desconsoladamente pidiendo ayuda al lado de Alicia.


A pocos metros del puesto de vigilancia, Beatriz sintió una intensa ráfaga de dolor en su cráneo, que pareció extenderse por toda su espalda, tras lo que también cayó sobre el pasto, retorciéndose frenéticamente, hasta quedar inmóvil como un tronco con sus brazos y piernas rígidas y su cabeza estirada hacia atrás, con su boca y ojos completamente abiertos, mientras emitía un horrible y ahogado gruñido.


Los guardias que pudieron verla caer, de inmediato llamarón a los servicios de emergencia y llevaron a ambas al hospital del bloque residencial, donde horas después, tras intentar por todos los medios de detener los violentos espasmos que sufrían, los médicos horrorizados, las verían convertirse en las primeras víctimas reportadas de la extraña enfermedad.


Tres días después se presentaron cuatro nuevos casos, luego fueron doce, treinta, ciento cuarenta, al cabo de un mes ciento noventa mil personas del área residencial habían perecido en medio de un violento colapso de todo su sistema nervioso central, a lo cual seguía el colapso cardiaco y respiratorio.


Ignorantes del medio por el cual la enfermedad se propagaba o como actuaba sobre el organismo, los médicos se veían obligados, sólo a proporcionar fuertes calmantes que redujeran la agonía de los infectados mientras aguardaban, el irremediable desenlace.


La causa de la enfermedad fue descubierta a poco más de un mes de iniciada la epidemia, un prion, una proteína, que sí bien existe en el cuerpo humano, en su estado salvaje se encuentra mal plegada y que una vez ingresaba al organismo era capaz de modificar a otras proteínas similares, transmitiendo su pliegue y alterando los genes, teniendo el efecto de destruir, rápidamente, la corteza cerebral y el sistema nervioso de quien la contraía.


Este peculiar asesino molecular, fue denominado ALBUS, por el nombre de sus dos primeras victimas Alicia Landau y Beatriz Urich Salas. Nunca se supo como el prion llegó al sistema de ventilación y el agua de la colonia de Titán. Aunque se creyó que estas fueron las primeras vías de contagio, aun tras la construcción de nuevos sistemas de filtrado, que lograron removerlo de aire y agua, los contagios continuaron, aunque en menor grado.


Diez años después de los primeros dos casos reportados, ALBUS desapareció; paulatinamente el número de casos fue disminuyendo, hasta que finalmente cesó. A su paso fue el responsable directo de la muerte de una tercera parte de la población de la colonia, mientras un número similar pareció a causa de los efectos que la epidemia y la cuarentena, provocaron en la sociedad, el colapso económico a causa de una intensa reducción en la producción, hambruna, colapso del sistema hospitalario y de los servicios públicos, condujeron a la caída de la última colonia del sistema solar.


Años después de la crisis provocada por ALBUS, los últimos colonos abordarían la nave generacional Elpis, rumbo a Próxima Centauri. Con la esperanza de conseguir un nuevo mundo que habitar.



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24

preview not available Jesús Alejos
04 Mar

Me hiciste traer a la memoria la pandemia actual, ahora que ya está la vacuna y se está administrando. Quedan preguntas sueltas que resumo en la siguiente: ¿como hacer para estar prevenidos contra estas enfermedades?

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